viernes, 23 de marzo de 2012

ARCHIPIÉLAGO DE SIERPES

Desde España, Miguel Donayre Pinedo nos entregó Archipiélago de Sierpes (Tierra Nueva Editores, Iquitos 2009), la segunda novela de su trilogía El Insomnio del Perezoso. Ya desde el título, Donayre nos anuncia que la geografía de su historia abarcará Iquitos (¿Isla Grande?) y otros lugares que forman parte de este “archipiélago”, dibujando una convivencia entre roedores y culebras, sapos y sabandijas, como metáfora de algunas gentes de estos pagos.
Archipiélago de Sierpes nos presenta a Eduardo, joven periodista que llega al diario La Razón, donde le designan la sección cultural (cosa que finalmente no hace, en estos lares la cultura importa un pepino), allí en el interior conoce al “Masho”, encargado de los policiales; a Manuel, que ve el asunto deportivo; Dick, que se encarga de los chismes políticos y también está la secretaria Mercedes, prima del director del periódico. El director representa muy bien a los directores de los medios locales, es el caudillo, el que mete las narices en cada línea del periódico, el editor realmente, el que decide qué información sale o no, para su beneficio solamente.
La estructura narrativa se intercala entre el narrador-personaje Eduardo y la narración de Salomón Sotomayor (por momentos aparecen voces múltiples) político curtido, todo un dinosaurio, vencedor de grandes batallas. Sotomayor representa a ese político comodín pero persistente, que sabe pulsear por donde van las cosas, que sabe moverse entre sapos y culebras, es el típico dicharachero, el que está al acecho de su presa, el que conoce muy bien la psicología de los habitantes del archipiélago, el que sabe que con un poco de trago se “concientiza” a la gente, el que sabe que el “pueblo es de gestos, no de ideas”, pero también el que aclara “leemos periódicos y consultamos Internet, estamos al tanto de lo que sucede en otras partes del mundo, no somos analfabetos como piensan los intelectuales”.
La entrevista a este personaje es el eje central de la novela, pues Eduardo cansado de las mecidas del director (el suplemente cultural sólo salió dos veces) decide realizar entrevistas a connotadas personalidades, pero el pez gordo es Salomón (va en su búsqueda hasta Santa Rosa, una de las tantas “islas”), sabedor-testigo de la podredumbre de la política, y del manejo que se hace a la prensa, a la que desdeña, pues para Sotomayor “Nunca hubo buen periodismo en la isla, todos son unos marrulleros. Viven de las migajas que les arroja el poder. No hay periodista intachable en la isla, […] Están bañados en la misma caca”. Pero Eduardo tiene otra noción del periodismo “leía un libro sobre los crímenes del Putumayo […], en ese libro citan a un periodista de raza como fue Benjamín Saldaña, él denunció, ante el juez de turno del puerto al Presidente de la compañía y a los empleados de The Amazon, que en los fundos gomeros asesinaban impunemente a los indios de esa zona fronteriza”, aunque después la duda lo acecha frente al cuestionamiento de sus amigos “alguna gente retorcida duda que el periodista fuera tan honesto, sostienen que lo denunció porque no se dejó chantajear por el cauchero Arana, recuerda que todos comían de la mano de Arana. No quiero creer, no hay pruebas que digan eso de Saldaña. Mierda, si no, no tenemos un palo a que arrimarnos en el periodismo, estaríamos como puerto sin faro”.
Las líneas anteriores sirven para hablar sobre la realidad misma. Miguel Donayre es un conocedor nato sobre el tristísimo periodo del caucho, como muestra está su libro de no ficción Napoleón en la Floresta, donde en el primer capítulo hace un análisis a partir de las imágenes del libro El Proceso del Putumayo y sus Secretos Inauditos de Carlos Valcárcel, además su narrativa está impregnada de este tema, donde quiere dejar constancia que este periodo no debe repetirse y por lo tanto debe conocerse y debatirse.
Pero volviendo a Eduardo su crítica a la sociedad que lo circunda es lapidaria, y arremete contra todo lo que le parece injusto o fuera de lugar, ya lo dijimos anteriormente, contra los dueños de los medios, contra los periodistas mal informados y poco leídos, así como con los lectores de estos últimos “aquí en Isla Grande nadie lee diarios ni revistas ni novelas, les daba un serio dolor de cabeza. Leo y no retengo nada, se excusaban los redactores del diario ante una novela prestada de Coetzee”, la emprende contra los profesores que no van a laborar –cosa corriente en estas latitudes–, contra los motocarristas que hacen bulla que para qué te cuento, la emprende contra la cartelera local “En las salas de cine proyectan las aventuras de Schwarzenegger, Seven Segal y demás basuras”, curiosamente también la emprende contra los antropólogos “hasta los antropólogos se volvían en redomados urbanistas y hacen impúdicas cabriolas con la clase burguesa local jugando al tenis”.
Sin embargo no todo está perdido, ahí está el apartado dieciséis del libro (pp. 111-117) donde Eduardo –y quizá el mismo Miguel Donayre– hace una defensa cerrada de lo que debe ser el papel del escritor y el respeto a la literatura de estas tierras “A veces, leo gacetillas que lanzan duros dardos contra autores regionales […]. Me parece que son injustos […]. En mi opinión hubiera que premiar a los que están al pie de la máquina de escribir […]. No son aquellos que se refugian y alegan la excepcionalidad o singularidad amazónica, que con eso cubren su mediocridad. Ellos no”. Eduardo ve de cerca “escritores” de medio pelo que jamás leen, por eso pide con ahínco “seamos fieles a este oficio de aprendizajes y lecciones”.
La parte más floja de Archipiélago de Sierpes es el uso desmedido de términos de la península ibérica: chabola, follar, turra, entre otros; así como palabras que no son parte de nuestro patrimonio léxico; la duda es lo que traiciona a Donayre, pues se nota que al momento de narrar piensa en sus lectores españoles como en los lectores amazónicos, habría que recordarle a Miguel una cita de Mario Vargas Llosa cuando en un diálogo con José Miguel Oviedo dice “El español en el que escribo, a pesar de todos los años que llevo viviendo fuera del Perú, es el español peruano, es la variante peruana del español, es la que viene naturalmente a mi prosa a la hora de escribir” (tomado del libro Las Guerras de este Mundo, 2008), Donayre hace uso de un buen lenguaje, eso lo ha demostrado ya con su libro de cuentos Ocaso de los Delfines, así es que no tiene por qué hacer préstamos innecesarios. Otro punto débil tiene que ver con el narrador al momento de expresarse: pasa de un lenguaje culto a uno coprolálico, lo que origina un narrador no creíble.
Más allá de estos cuestionamientos, Miguel Donayre logra con Archipiélago de Sierpes una buena novela, pues está apartado del folclorismo propio de los escritores locales; además se lo puede considerar el primer autor que hace metaliteratura, de ahí que cuando cita escritores no es por gusto, sino que busca que su obra sea la que motive la lectura de escritores muchas veces desconocidos en la Amazonía: Roth, Auster, Carver, Coetzee entre otros. La lectura de su narrativa exige, además, que los lectores sean atentos, no propicia ni el facilismo ni la mediocridad en el lector.
La historia es otro soporte en su producción literaria, en 1991  Fernando Santos Granero decía “La reminiscencia constituye una segunda forma de búsqueda de la identidad regional, emparentada con la entrada histórica, pero centrada en la cotidianeidad. Los cuentos de M. Donayre, […] se ubican en esta perspectiva”. Dicho todo esto, no nos queda más que seguir leyendo a Donayre con fruición y avidez, porque algo terrible va a pasar.

viernes, 6 de enero de 2012

EL ESTANQUE DE MIGUEL DONAYRE

En el 2006 apareció la primera novela de Miguel Donayre Pinedo (Iquitos, 1962), con un nombre bastante llamativo Estanque de Ranas, editado por Tierra Nueva, obra que dio inicio a una trilogía (en lo que a narrativa corresponde el autor ya había publicado en el 2001 el libro de cuentos Ocaso de los Delfines).
Desde el título podemos ir dándonos cuenta que las ranas a que se refiere Donayre tienen muchos rostros y aristas ¿acaso se refiere a ese croar constante del Frente Patriótico?, pero donde estamos seguros es que la bulla perniciosa de la isla, ¿Iquitos?, no es más que la originada por los vehículos y por las fiestas sinfín que acechan al puerto, “soportaba estoicamente la murga urbana que estaba dispuesta a destrozar los tímpanos”, dice Álvaro el narrador personaje de la novela.
La novela está dividida en cuatro capítulos (si bien cada parte es independiente en relación a la otra, en conjunto tienen un sentido lógico): La búsqueda (Palimpsesto), Los (des) encuentros, Mitológicas y el último capítulo, que en realidad es un epílogo, Trópicos y humedades (otra vez las ranas). El libro se cierra con un estudio de Ana Varela.
En el primer capítulo aparece Álvaro, “abogado-literato […] rebuscador de fuentes históricas que sobrevive en un medio inhóspito para la investigación”, nos dice Ana Varela en el colofón del libro, puesto que Álvaro se dedica a remover en escombros las historias vetadas, las que no gustan porque “joden”.
Para comprender mejor el asunto debemos partir de lo siguiente: Álvaro, el personaje, es el alter ego de Miguel Donayre, el autor. Donayre tiene trabajos sobre el periodo del caucho, pero desde una óptica jurídica, ahí tenemos su libro Bonifacio Pizango, entre el descanso de purmas y la memoriosa memoria del tiempo, 1999, y otros escritos suyos que han ido apareciendo en  distintas revistas, donde da cuenta de esa búsqueda constante para encontrar nuevos datos, nuevas luces, es el palimpsesto que permite romper con lo establecido, la historia que es “posible volver a escribirla”, dice Percy Vílchez en una de las notas de su libro El Linaje de los Orígenes, 2001. Y es que Percy Vílchez es el mismo Percy de Estanque de Ranas, es la voz que le dice a Miguel-Álvaro, que siga en su camino, que eche diente a los veintitrés tomos de documentos coleccionados por un jurista distraído, es el mismo Percy que hizo que Miguel Donayre dijera en el prólogo de Bonifacio Pizango… “Su artículo ‘El confuso día D’ […] me hizo despertar de las humedades y de las sombras”, es el mismo Percy a quien le dedica su libro Napoleón en la Floresta “Para mi hermano Percy Vílchez”. Es que la obra de Miguel Donayre va junta a la de Vílchez, son las dos caras de una misma moneda, pues la relación de estos dos escritores no sólo es en el ámbito de la escritura sino en la más profunda amistad.
Pero también en Estanque… aparecen otros personajes cercanos al autor, la amiga directora de la revista Varadero  del personaje Álvaro no es otra que Ana Varela, una de las personas que se quedaría con parte de su biblioteca y por qué no mencionar a su amigo-asistente Gabriel García Villacrez.
El segundo capítulo está mejor logrado (en el anterior el narrador cae en el lugar común de repetir casi como una letanía sobre la investigación que realiza, eso lo vuelva plano y el discurso se lentifica) asistimos a la presencia del personaje indígena “civilizado” Carlos Quinto Nonuya, retrocedemos en el tiempo y nos ubicamos en el periodo del caucho. Donayre conoce bien el terreno, de ahí que la historia que nos cuenta Carlos Quinto es creíble, antiguo ayudante en una de las secciones de la Peruvian, fue parte de la carnicería que cometieron contra los indígenas del Putumayo. Pero la historia más llamativa es la del capitán huitoto Katenere, quien se reveló durante días vengando la muerte de su mujer y sus hijos, Carlo Quinto llegó a creer que perderían la batalla, finalmente, doblegaron al rebelde.
Aquí voy hacer  una digresión, el Katenere de la historia de Miguel Donayre es de origen huitoto, mientras el Katenere de Vargas Llosa en El Sueño del Celta es bora, los especialistas seguramente tendrán que dirimir sobre este asunto, pero la diferencia no queda ahí, en la novela de Vargas Llosa la rebelión duró dos años y su mujer sólo fue violada, en Estanque de Ranas la rebelión duró días, a raíz, como lo dije anteriormente, de la muerte de su mujer y sus hijos, aunque claro está, al escribir ficción todo es posible.
La historia de Carlos Quinto termina con su llegada a un leprosorio de la Amazonía, por este motivo me recuerda al personaje Fushía de La Casa Verde.
En el mismo capítulo está ‘Huellas digitales’, donde “Donayre rebusca en sus raíces indígenas, narra desde la oralidad como recurso vital de sus ancestros para relatar la historia”, nos dice Ana Varela en el estudio antes mencionado. En esta parte de la obra noto cierta influencia de El Hablador de Vargas Llosa. Según mi óptica este capítulo debió tener mayor extensión, pues la historia así lo requería.
El tercer capítulo parece ser contada por una mujer pero no es así (aquí Ana Varela da un traspié al decir que es una voz femenina quien cuenta la historia), en realidad es la voz del homosexual Doroteo Guerrero Minaya, y si uno llega a confundirse al inicio es porque la pericia de Donayre para narrar es magnífica. Es justamente por Doro (quien junto a su “amiga” Verita tenían un local que causó sensación “La balsa mágica”) que nos enteramos de los chismes más sonados en la isla sobre funcionarios, alcaldes, militares, periodistas..., de los grandes bacanales a que nos tienen acostumbrado ciertos personajes de la ínsula, ¿será que Donayre hace referencia a la época dorada del narcotráfico?
La novela se cierra, con palabras ya no de Álvaro sino de Miguel, con un diario. Miguel nos cuenta cosas más personales, el decidir si quedarse en la isla o partir a España, cosa que sí hizo, además está lo de su estancia en la península y su nueva forma de vida, como bien apunta un comentario en el diario Pro & Contra “el exilio voluntario no [lo] ha convertido en un desertor de las letras, un temprano jubilado de la escritura”, al contrario Donayre ha sumado a Estanque de Ranas, las novelas Archipiélago de Sierpes y El búho de Queen Gardens Street, novelas que espero reseñar en otra oportunidad.
En conclusión, esta novela está mejor parada en relación al Ocaso de los delfines (en el ámbito narrativo, claro está), donde sí debe hacerse una observación es en el aspecto del lenguaje, específicamente en la adecuación, puesto que el autor usa términos como: ordenador, librería de viejo, buhardilla, motel…, que no tienen nada que ver con el castellano nuestro. Más allá de estos detalles, es un gusto que un loretano como Miguel siga progresando cada día en beneficio de esta isla, tantas veces sumida en el desgano por la cultura. Hasta pronto.

jueves, 15 de septiembre de 2011

ANIMAL DE LENGUAJE: GIOCONDA, ENTRE LA LECTURA Y LA NATURALEZA

A Paul Rodríguez

Otra vez el retorno al parque. Carlos Reyes Ramírez (Requena, 1962) vuelve a publicar después de algunos años (el 2001 y el 2003 publicó En el Mejor de los Mundos y El Retorno al Parque de los Pescados, respectivamente) su nuevo poemario lleva un título sugestivo Animal de Lenguaje (Iquitos, 2011), siempre bajo el sello omnipresente de Tierra Nueva. Este último libro sigue la senda iniciada con Mirada del Búho (poemario con el que ganó la III Bienal de Poesía Premio Copé en 1986, el libro se editó en 1987) en cuanto al cariño y la defensa de la naturaleza se refiere, repasemos.
En la actualidad vivimos en esa constante que es la depredación de nuestros bosques y el maltrato a que se somete a las personas que lo habitan, pero Reyes nos vuelve a la memoria lo importante que es la floresta en el poema “Nada soy sin la naturaleza” al decirnos: “la naturaleza me hará sabio y estudioso de la pesada carga del adeene”, en este verso hace referencia al pasado en que se sometió a los pueblos originarios, pero esa carga disminuirá cuando hagamos caso a la natura, cuando bebamos la sabiduría que emana de ella, por eso el poeta afirma en el mismo poema: “la naturaleza me despertará con la emoción del astro errante de la madrugada./ Las estrellas iluminarán la naturaleza, roja estrella como el corazón agazapado/ en la quebrada”, para después llegar a la conclusión “Nada soy sin la naturaleza. Nada sin la natura”; así de contundente  son las palabras de Reyes, sin embargo, más allá del amor y la idolatría que siente Carlos Reyes por la naturaleza, también entiende que el problema hay que enfrentarlo, pues pide “… gritos a las/ alturas buscando el momento para ser felices, indagando natura, preguntando natura”.
No todo debe quedar en la indagación ni en la ingenuidad, de ahí que en “La ciega extraviada en el paraíso” se lea: “Ingenua como los peces, la ciega no entiende que el mundo gira contra la estrella/ ardiente, / no advierte que el planeta está sucio y contaminado y no sabe que las paredes/ esconden palabras ofensivas al oído de los rufianes”, es que la ceguera no es física, la ceguera es mental, la ciega, como muchas personas en este mundo, no entiende que el mundo puede ir directo a su destrucción, si es que no hacemos algo, si es que no defendemos la vida misma; la vida misma que es, por cierto, la defensa del Amazonas, en el poema “Para hablar del río Amazonas” el poeta dice: “El río es nuestro y nuestro el pescado para saciar el hambre del planeta”, tan sólo con este verso comprendemos cuán actual es la poesía de Carlos Reyes, tan vívida, tan concreta, cuando hoy se habla de la defensa de otros ríos que nutren al Amazonas, y esto inevitablemente  desemboca en el poema que da título al libro “Animal de lenguaje”:

Animal que destroza las puertas en el rostro de los mandones de la ciudad.
Desbocado camina y rompe las cuerdas que atan sus patas y sus brazos           extendidos.
Cabalga por las calles ardientes desconociendo los letreros, los semáforos,       las luces de la ciudad que impiden ver el tremor de las estrellas.

Con justicia Ana Varela dice que Carlos Reyes es un “Poeta vital de metáforas poderosas”, pues en este poema estamos frente a la presencia del animal de lenguaje, que va arrasando con todo lo que encuentra a su paso: mandones, corruptos, depredadores,… rompe las cadenas que lo aprisionan, extiende los brazos  en señal de libertad, no conoce de vetos, de prohibiciones, va en busca del aire fresco, de pureza, va en busca de ver las estrellas, las estrellan que guían y guiarán al hombre-animal de lenguaje en busca de la luz y la paz, que sólo lo encontrará en la naturaleza.

¿Cómo se conseguirá esto? Reyes nos da una de las tantas respuestas, la defensa y la libertad de la Amazonía se conseguirá a partir de la lectura. La lectura, entiende Carlos Reyes, nos dará los lineamientos para conseguir la libertad, la defensa de la floresta, de ahí que encontremos poemas que tienen que ver con la lectura de alguna u otra manera: “El libro arco iris”, “Los viejos periódicos”, “Libro verde de poemas rojos y azules”, “Biblioteca de madera en la habitación”, “Ensayo sobre el libro”. Con esto Reyes, ubica en el centro la lectura, el poemario mismo es un canto al libro, es así que en “El libro arco iris” hace mención a “El libro violeta- amarillo-verde-rojo-azul-anaranjado. / El libro arco iris”, el poeta hace mención a los distintos libros que encontramos en nuestra vida, de distintos colores, de distintos tamaños, de distintos diseños, y por qué no, de distintos idiomas, además, el poeta es un rastreador de libros, es un cazador de lecturas añoradas, soñadas, así es que dirá “Un libro que busqué durante años. / En noches febriles, en librerías y bibliotecas de la ciudad, en las madrugadas, / en los basurales domésticos y a las orillas de carreteras postergadas”, todo esto nos dice en “Libro verde de poemas rojos y azules”, cuántos no hemos buscado algún libro con vehemencia, con avidez, con esas ganas enorme de leer; el trayecto con el libro sigue en “Ensayo sobre el libro”: “Libro mío que estás a mi lado temblando por la oscuridad del mundo. / Libro que escapas por las madrugadas como murciélago invidente/ […] / Libro santo, ataviado de fardos, de alhajas y letras de bronce que conducen a la/ espléndida naturaleza”, cuándo no su relación con la natura, cuándo no esa unión naturaleza-lectura.

En otro momento el libro cede su lugar al periódico: “He ordenado mis viejos periódicos como quien arregla cuentas/ con su pasado. / […] / Aquí están mis iconos más celebrados y los nombres que amé/ durante la estancia pasada. / […] / Mis manos apenas pueden contener la belleza y la sabiduría de/ los viejos papeles”, todo esto está en el poema “Los viejos periódicos”, y pensar que hay funcionarios obtusos, que creen ver basura en los periódicos antiguos (como el de la biblioteca municipal).

Hasta aquí, lo expresado tiene un receptor que es la humanidad misma, sin embargo, también tiene un objetivo específico, y no es otra que Gioconda, la hija de Carlos Reyes. Cuando Reyes aboga por la Natura, aboga por su hija, pues “La naturaleza hará que las manos de Gioconda, pequeñas en el planeta, / se agiganten como las hierbas perpetuas en los límites de la ciudad”, (“Nada soy sin la naturaleza”), además, el poeta también involucra a su hija en este afán de defender la Natura: “Mi hija está despierta y tenemos que ordenar el mundo antes de partir hacia el kindergarten”, (“Amanecer en la ciudad antigua”), Reyes va en compañía de Gioconda a defender la Amazonía como dos quijotes modernos, ya que “En el mercado de abastos, mi hija tiene entre manos la solución a los conflictos/ del planeta. / Sus ilusiones flotan en el aire y atrapa esferas novedosas, nuevos esfuerzos y/ mañanas fragorosas”, (“En el mercado de abastos”) y si las cosas no salen como lo pensado, el poeta le pide a su pequeña “Es mejor que huyas gritando, gimiendo, exclamando, y en medio del marasmo no/ seas la niña asaltada por los adinerados que atropellan la inocencia de la calle/ inundada.”, (“Éxodo de la niña”). 

PALABRAS FINALES
Sin lugar a dudas estamos frente a un libro que debe ser leído por la “inmensa mayoría”, además, la presentación de esta edición es magnífica (los diseños actuales de Tierra Nueva no tienen nada que envidiar a editoriales capitalinas), no tiene las faltas ortográficas que hemos visto en algunas publicaciones anteriores de la editorial antes mencionada. Entonces, ¡a leer! 

lunes, 8 de noviembre de 2010

Narrativa Urbana en la Amazonía

ESCRITURA PARA SORDOS.

      Cuando me pidieron que escriba sobre la literatura hecha en la Amazonía Peruana, me sugirieron que hable sobre la escritura urbana. Cosa difícil, ya que todavía no se ha establecido una periodización de consenso sobre nuestra literatura (se me viene a la cabeza la propuesta de Armando Ayarza y también la del profesor Manuel Marticorena Quintanilla*), y peor aún, la literatura actual sigue sufriendo ese abandono generalizado.

      Si hoy se habla de literatura hecha en la Amazonía, no se debe a escritores, más bien se debe a héroes que siguen en ese vano oficio, dándole a la escritura a pesar de los inconvenientes que encuentran diariamente. Pero no son escritores ni héroes aquéllos que publican una obrilla sin conocer la estructura de una narración, sin dominar las técnicas básicas como mínimo.
Pero que se puede pedir a gente que entiende la literatura como un trabajo de tiempo suplementario o cuando la inspiracíón llegue. Así la narrativa no puede avanzar.
Pero retomando la idea de la narrativa urbana, voy a seguir la propuesta del Profesor Marticorena Quintanilla* (específicamente sobre la narrativa urbana), que me parece la más seria:

LA NOVELA URBANA AMAZÓNICA

Días Oscuros (1950) de Francisco Izquierdo Ríos.

LA NOVELA NEORREALISTA URBANA

Jaime Vásquez Izquierdo (Iquitos, 09 de diciembre 1935- Iquitos, 19 de enero de 2008) Río Putumayo (1986), Cordero de Dios I (1989) y Cordero de Dios II (1991), La batalla del sarjento Ballesteros (2006) y Hashkivenu avinu (mayo 2008).
Javier Cisneros Rengifo (Iquitos, 20 de agosto de 1936) Selva, Guitarra y Cemento (1990).
Jorge Nájar Kokally (Pucallpa 1945), Morir en La Pedrera (1990), Nadie escucha el canto (1999).
Walter Meza Valera (Balzapuerto, Alto Amazonas, Loreto, 1940) De Lima la Ilusión (1994).
Mario Vargas Llosa (Arequipa 1936) con Pantaleón y las Visitadoras (1973).

LA NARRATIVA BREVE NEORREALISTA URBANA

Manuel Túnjar Guzmán (Iquitos, 19 de diciembre de 1928-Iquitos, Iquitos, 27 de marzo de 2001) con el único cuento “La Redada” (1966).
Jaime Vásquez Izquierdo (Iquitos, 09 de diciembre de 1936-Iquitos, 19 de enero de 2007), Meditaciones del Hambriento (1993), Kontinente Negro (agosto, 1998).
Juan Saavedra Andáluz (Iquitos, febrero de 1940) con Los Hombres Astados (diciembre de 1986), El Interlocutor del Diablo (octubre de 1987), La Muerte de Medel Mendiala (noviembre de 1988), El Soldado Franklin Gómez (julio 1995), El Demonio del Bosque (2000), El ABZ del Humor (1988), El Ave Zeta del Humor (1988) y Tutti Frutti del Humor (1999).
Miguel Donayre Pinedo (Iquitos, 1962), Ocaso de los delfines (2001).
Alejandro Elespuru Noronha (Iquitos, 17 de mayo de 1950), El Árbol de Tania (1992).
Martín Reátegui Bartra (Iquitos, 1962) La Mesa Ensangrentada (1994) y Shunto (El idioma del fuego) (noviembre de 1999) y El idioma del fuego (2007).
Gustavo Galvis Arenas (Socorro, departamento de Santander, Colombia 1940), Relatos Amazónicos (1995).
Carlos Garayar (Lima, 1949), Una Noche, un Sueño (1996).
Ricardo Vírhuez Villafane (Lima, 1964) El Olor del Agua (2000).

Por mi parte, a estos nombres debe sumarse:
Cayo Vásquez (Iquitos), Hostal amor (2006) - el profesor Marticorena lo ubica en otro grupo.
Sobre este último se viene dando una cobertura inusitada, ya que Hostal Amor ha llamado la atención de muchos.
También, debería sumarse a esta lista Werlinger Montes Panduro, con Supersticiones Urbanas (2004).

      Sin embargo, es bueno aclarar que algunos de los señalados en la lista son reconocidos nacional e internacionalmente, mientras que la gran mayoría sólo son conocidos en estos lares. En estos tiempos en que la competencia es abrumadora nadie va a querer leer a quienes no estén a la altura de las circunstancias, ya que el problema no está solamente en competir con otros escritores, también están los videojuegos, la Internet, la televisión y otros elementos que hacen más difícil la tarea del literato. Y otro problema radica en el total desconocimiento de los escritores actuales. Róger Rumrrill afirmaba hace algún tiempo que únicamente se leía a premios Nobel de Literatura y a escritores de best sellers, pero en la actualidad ni siquiera a estos se leen, salvo algunos (poquísimos) que siempre están al tanto.

      De ahí que nuestra narrativa en general no tenga esa seriedad que debería tenerla. Desde mi óptica, la poesía en la Amazonía está mejor parada, la narrativa en cambio todavía está en pañales. A los jóvenes que quieran incursionar en la narración les pediría que entren de lleno, pensándolo muy bien y no por pose solamente. Hasta pronto. 

*Sobre la propuesta del profesor Manuel Marticorena Quintanilla: Esquema de la literatura Amazónica, revisar aquí.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Requena Tiene quien le Escriba

Hace poco se realizó la presentación de Antecedentes Etnohistóricos de la Fundación de Requena, 2010, de Víctor Hugo Sunción Hernández (Requena 1958). La finalidad de este libro es dar a conocer, como lo anticipa el título, los antecedentes etnohistóricos que dieron lugar a la fundación de Requena del Tapiche por Fray Luís Agustín López Pardo en 1907 (el profesor Víctor Hugo hace mención la participación indispensable del indígena cocama Manuel Pacaya para llevar a cabo dicha fundación).
Con respecto al libro el profesor Víctor Hugo se sirve de tres aspectos para sustentar su tesis sobre los antecedentes de la fundación de Requena:
-          El origen étnico de Requena
-          Presencia Misionera en la Amazonía
-          Invasión Portuguesa-Brasileña
Sobre el origen étnico, el autor valiéndose del Registro Arqueológico de Donald Lathrap, nos dice que los Cocamas, de origen lingüístico Tupí-guaraní, fueron los primeros en poblar los lugares históricos donde está asentada Requena, pero también nos informa sobre los Tapichis y Ucayales (ambos posiblemente de origen lingüístico Pano) como habitantes de estos lares, y pone como evidencia la presencia de los ríos Ucayali y Tapiche “como mudos testigos de su paso de estas etnias por este mundo”.
Con relación a los misioneros, resalta la presencia de los Jesuitas y los Franciscanos. En este apartado el profesor Víctor hace un comentario acertado cuando manifiesta que uno de los motivos por el cual se perdiera información valiosísima sobre las etnias, es la expulsión de los Jesuitas, ya que muchos jesuíticos al momento de la expulsión fueron despojados de sus pertenencias, donde se encontraban sus apuntes que fueron quemados por gente que les tenía envidia, extinguiéndose así datos que hoy servirían de mucho.
La invasión Portuguesa-Brasileña,  también es un momento crítico en la Amazonía, y el autor nos recuerda la gesta heroica del jesuita Samuel Fritz “quien defendió  a los Yurimaguas y sufrió una serie de penalidades hasta que por fin su lucha se llenó de gloria trasladando a esta etnia denominada Santa María de las Nieves, desde los ríos Caquetá y Negro en territorio brasileño, hasta el río Huallaga, para refundarla en territorio peruano con el nombre de Nuestra Señora de las Nieves de Yurimaguas, en 1713”.
Antecedentes Etnohistóricos de la Fundación de Requena, es un libro breve pero con información valiosísima para entender el pasado, presente y futuro de Requena (llamado así por Francisco de Requena y Herrera), para mayor información les invito a leer el presente libro. Hasta pronto.
SOBRE EL AUTOR
Víctor Hugo Sunción Hernández, nació en Requena en 1958. Se graduó como profesor en el Instituto Pedagógico Público “Fray Florencio Pascual”. Es docente de Ciencias Sociales de la Institución Educativa Pública “Padre Nicolás Giner” y actualmente se desempeña como encargado de la Dirección de dicho plantel. Tiene escrito tres poemarios  compendiados en Denuncio ante ti y otros desvelos, un libro de cuentos titulado Cuentos desde mi tribu, y una novela corta La Brishi Noronha en su auténtica dimensión, todos inéditos.

martes, 2 de noviembre de 2010

Manuel Marticorena, El Gran Iniciador

 En octubre del 2009, apareció el libro De shamiros decidores. Proceso de la Literatura Amazónica Peruana (de 1542 a 2009), del profesor Manuel Marticorena Quintanilla (Arma, Huancavelica, 1948). Obra que le costó al autor el trabajo de más de veinte años revisando con diligencia en distintas bibliotecas, públicas y privadas, del Perú (se cuenta que el profesor copió a mano algunos relatos de la obra Apuntes de Viaje en el Oriente Peruano (1905) de Jorge M. Von Hassel, que se encuentra sólo en la Biblioteca Nacional del Perú).

         Proceso..., abre un camino inconmensurable en el análisis de grupos literarios, autores y sus obras; indispensable para comprender la Literatura Amazónica en su mayor dimensión. Además, dignifica nuestra cultura tantas veces marginada por el centralismo, ya que para la crítica oficial la Literatura Amazónica no existe. Con este libro el profesor Marticorena los contradice, y con precisión cita como epígrafe unos versos de Armando Ayarza:  
                
                 Pero no nos exterminaron / resistimos
                  y aquí estamos,
                  hemos estado,
                 y estaremos desde siempre;       
                 pero no nos sienten, 
                 nos están mirando, 
                                 pero no nos miran,
                  siguen tuertos, 
                                 como siempre.

SOBRE EL TÍTULO DEL LIBRO

          Si bien el título de la obra es Proceso de la Literatura Amazónica Peruana, analicemos la denominación completa.
De shamiros decidores nos trae recuerdos de la revista de carácter popular Los Shamiros Decidores publicada por Arnaldo Panaifo Teixeira a partir de 1995, que a su vez tomó el título de su cuento para niños Shamiro (1991). Entiendo el nombre del libro del profesor Marticorena como un  homenaje a Panaifo, pero también para decirnos que de alguna u otra manera todos tenemos algo de shamiros.
Proceso de la Literatura Amazónica Peruana (de 1542 a 2009), toma el nombre del ensayo “Proceso de la literatura”, de José Carlos Mariátegui, perteneciente a su libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, 1928. Ahora, con relación a los años, el autor nos deja en claro que sólo va a realizar su estudio sobre Literatura Amazónica en castellano, desde Relación del Descubrimiento del Famoso río Grande de las Amazonas (1542) de Fray Gaspar de Carvajal, hasta los autores novísimos aparecidos hasta el 2009.

SOBRE LA ESTRUCTURA
Manuel Marticorena sigue la propuesta del profesor sanmarquino Carlos García-Bedoya Maguiña, quien en su obra  Para una periodización de la literatura peruana, 1990, divide en dos etapas el estudio de la literatura:
La Etapa de las Literaturas de Autonomía Andina y
La Etapa de las Literaturas de Dependencia Externa.
Proceso de la Literatura Amazónica Peruana como lo dijimos anteriormente prioriza la segunda etapa, pues de la primera solo se hace un pequeño esbozo. Carlos García-Bedoya en su libro mencionado propone cinco períodos para la etapa de Dependencia Externa, pero el profesor Marticorena atendiendo a nuestra realidad amazónica replantea los períodos de la siguiente manera (los períodos a su vez se subdividen en ciclos):
El Período de la Imposición de la Dominación Colonial (1542-1769),
El Período de la Crisis de la Imposición de la Dominación Colonial (1700-1825),
El Período de la República Oligárquica (1826-1920),
El Período de la Crisis del Estado Oligárquico (1921- a la fecha).

PALABRAS FINALES
Proceso de la Literatura Amazónica Peruana, no sólo es importante por ser la primera obra de referencia para investigadores en este campo, ya que además tiene el mérito de tener el respaldo de una institución prestigiosa como la Universidad Mayor de San Marcos que auspició la presente publicación. Invito a todos y todas a leer esta interesante obra. Hasta pronto.
SOBRE EL AUTOR:
Manuel Marticorena Quintanilla nació en Arma, provincia de Castrovirreyna, Huancavelica, en 1949. De 1966 a 1970 cursó estudios en la Facultad de Educación de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, graduándose como profesor de Lengua Literatura. Siguió estudios de maestría en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. De 1979 a 1994 se desempeñó como catedrático de Literatura en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana. Actualmente trabaja como docente principal en la Universidad Científica del Perú.



A Modo de Presentación

El presente blog, busca dar a conocer los libros que van apareciendo en la Amazonía. Esperando a los autores que hagan llegar sus obras para hacer los comentarios respectivos.