A Paul Rodríguez
Otra vez el retorno al parque. Carlos Reyes Ramírez (Requena, 1962) vuelve a publicar después de algunos años (el 2001 y el 2003 publicó En el Mejor de los Mundos y El Retorno al Parque de los Pescados, respectivamente) su nuevo poemario lleva un título sugestivo Animal de Lenguaje (Iquitos, 2011), siempre bajo el sello omnipresente de Tierra Nueva. Este último libro sigue la senda iniciada con Mirada del Búho (poemario con el que ganó la III Bienal de Poesía Premio Copé en 1986, el libro se editó en 1987) en cuanto al cariño y la defensa de la naturaleza se refiere, repasemos.
En la actualidad vivimos en esa constante que es la depredación de nuestros bosques y el maltrato a que se somete a las personas que lo habitan, pero Reyes nos vuelve a la memoria lo importante que es la floresta en el poema “Nada soy sin la naturaleza” al decirnos: “la naturaleza me hará sabio y estudioso de la pesada carga del adeene”, en este verso hace referencia al pasado en que se sometió a los pueblos originarios, pero esa carga disminuirá cuando hagamos caso a la natura, cuando bebamos la sabiduría que emana de ella, por eso el poeta afirma en el mismo poema: “la naturaleza me despertará con la emoción del astro errante de la madrugada./ Las estrellas iluminarán la naturaleza, roja estrella como el corazón agazapado/ en la quebrada”, para después llegar a la conclusión “Nada soy sin la naturaleza. Nada sin la natura”; así de contundente son las palabras de Reyes, sin embargo, más allá del amor y la idolatría que siente Carlos Reyes por la naturaleza, también entiende que el problema hay que enfrentarlo, pues pide “… gritos a las/ alturas buscando el momento para ser felices, indagando natura, preguntando natura”.
No todo debe quedar en la indagación ni en la ingenuidad, de ahí que en “La ciega extraviada en el paraíso” se lea: “Ingenua como los peces, la ciega no entiende que el mundo gira contra la estrella/ ardiente, / no advierte que el planeta está sucio y contaminado y no sabe que las paredes/ esconden palabras ofensivas al oído de los rufianes”, es que la ceguera no es física, la ceguera es mental, la ciega, como muchas personas en este mundo, no entiende que el mundo puede ir directo a su destrucción, si es que no hacemos algo, si es que no defendemos la vida misma; la vida misma que es, por cierto, la defensa del Amazonas, en el poema “Para hablar del río Amazonas” el poeta dice: “El río es nuestro y nuestro el pescado para saciar el hambre del planeta”, tan sólo con este verso comprendemos cuán actual es la poesía de Carlos Reyes, tan vívida, tan concreta, cuando hoy se habla de la defensa de otros ríos que nutren al Amazonas, y esto inevitablemente desemboca en el poema que da título al libro “Animal de lenguaje”:
Animal que destroza las puertas en el rostro de los mandones de la ciudad.
Desbocado camina y rompe las cuerdas que atan sus patas y sus brazos extendidos.
Cabalga por las calles ardientes desconociendo los letreros, los semáforos, las luces de la ciudad que impiden ver el tremor de las estrellas.
Con justicia Ana Varela dice que Carlos Reyes es un “Poeta vital de metáforas poderosas”, pues en este poema estamos frente a la presencia del animal de lenguaje, que va arrasando con todo lo que encuentra a su paso: mandones, corruptos, depredadores,… rompe las cadenas que lo aprisionan, extiende los brazos en señal de libertad, no conoce de vetos, de prohibiciones, va en busca del aire fresco, de pureza, va en busca de ver las estrellas, las estrellan que guían y guiarán al hombre-animal de lenguaje en busca de la luz y la paz, que sólo lo encontrará en la naturaleza.
¿Cómo se conseguirá esto? Reyes nos da una de las tantas respuestas, la defensa y la libertad de la Amazonía se conseguirá a partir de la lectura. La lectura, entiende Carlos Reyes, nos dará los lineamientos para conseguir la libertad, la defensa de la floresta, de ahí que encontremos poemas que tienen que ver con la lectura de alguna u otra manera: “El libro arco iris”, “Los viejos periódicos”, “Libro verde de poemas rojos y azules”, “Biblioteca de madera en la habitación”, “Ensayo sobre el libro”. Con esto Reyes, ubica en el centro la lectura, el poemario mismo es un canto al libro, es así que en “El libro arco iris” hace mención a “El libro violeta- amarillo-verde-rojo-azul-anaranjado. / El libro arco iris”, el poeta hace mención a los distintos libros que encontramos en nuestra vida, de distintos colores, de distintos tamaños, de distintos diseños, y por qué no, de distintos idiomas, además, el poeta es un rastreador de libros, es un cazador de lecturas añoradas, soñadas, así es que dirá “Un libro que busqué durante años. / En noches febriles, en librerías y bibliotecas de la ciudad, en las madrugadas, / en los basurales domésticos y a las orillas de carreteras postergadas”, todo esto nos dice en “Libro verde de poemas rojos y azules”, cuántos no hemos buscado algún libro con vehemencia, con avidez, con esas ganas enorme de leer; el trayecto con el libro sigue en “Ensayo sobre el libro”: “Libro mío que estás a mi lado temblando por la oscuridad del mundo. / Libro que escapas por las madrugadas como murciélago invidente/ […] / Libro santo, ataviado de fardos, de alhajas y letras de bronce que conducen a la/ espléndida naturaleza”, cuándo no su relación con la natura, cuándo no esa unión naturaleza-lectura.
En otro momento el libro cede su lugar al periódico: “He ordenado mis viejos periódicos como quien arregla cuentas/ con su pasado. / […] / Aquí están mis iconos más celebrados y los nombres que amé/ durante la estancia pasada. / […] / Mis manos apenas pueden contener la belleza y la sabiduría de/ los viejos papeles”, todo esto está en el poema “Los viejos periódicos”, y pensar que hay funcionarios obtusos, que creen ver basura en los periódicos antiguos (como el de la biblioteca municipal).
Hasta aquí, lo expresado tiene un receptor que es la humanidad misma, sin embargo, también tiene un objetivo específico, y no es otra que Gioconda, la hija de Carlos Reyes. Cuando Reyes aboga por la Natura, aboga por su hija, pues “La naturaleza hará que las manos de Gioconda, pequeñas en el planeta, / se agiganten como las hierbas perpetuas en los límites de la ciudad”, (“Nada soy sin la naturaleza”), además, el poeta también involucra a su hija en este afán de defender la Natura: “Mi hija está despierta y tenemos que ordenar el mundo antes de partir hacia el kindergarten”, (“Amanecer en la ciudad antigua”), Reyes va en compañía de Gioconda a defender la Amazonía como dos quijotes modernos, ya que “En el mercado de abastos, mi hija tiene entre manos la solución a los conflictos/ del planeta. / Sus ilusiones flotan en el aire y atrapa esferas novedosas, nuevos esfuerzos y/ mañanas fragorosas”, (“En el mercado de abastos”) y si las cosas no salen como lo pensado, el poeta le pide a su pequeña “Es mejor que huyas gritando, gimiendo, exclamando, y en medio del marasmo no/ seas la niña asaltada por los adinerados que atropellan la inocencia de la calle/ inundada.”, (“Éxodo de la niña”).
PALABRAS FINALES
Sin lugar a dudas estamos frente a un libro que debe ser leído por la “inmensa mayoría”, además, la presentación de esta edición es magnífica (los diseños actuales de Tierra Nueva no tienen nada que envidiar a editoriales capitalinas), no tiene las faltas ortográficas que hemos visto en algunas publicaciones anteriores de la editorial antes mencionada. Entonces, ¡a leer!

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